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LA FIGURACIÓN (1). TIPOS DE FIGURANTE

julio 27th, 2011 by Javi Pérez

Nadie puede olvidar el ejército de esclavos del “Espartaco” de Kubrick, los judíos del campo de concentración de “La lista de Schindler” o, sin ir más lejos,  los presos rebeldes de “Celda 211”. Sin ellos las películas no existirían. Son los figurantes o también llamados extras, aquellos que rellenan y ambientan los escenarios por donde los personajes transitan.

Es un tópico vanagloriar su trabajo, pero también es una realidad denostarlos ante límites insospechados, por lo que comienzo aquí una serie de post dedicados a todos ellos: los figurantes.

Aún así, mucho antes de hablar de agencias, claves para trabajar de figurante o asuntos a tener en cuenta con la figuración,  he considerado divertido y original elaborar un listado de tipos de figurantes existentes en todas y cada una de las producciones “made in Spain”, más allá de las fronteras entre figuración normal, especial o con frase.

Y válgame este post las disculpas de todos aquellos que se sientan ofendidos por reflejados, pero la empiria de la experiencia me obliga a afirmar que, rodaje tras rodaje,  estás categorías se acontecen en todas sus formas,  compartiendo muchos figurantes categorías varias por tan complicado asunto.

EL FIGURANTE DE TODA LA VIDA. Son aquellos que en todos los rodajes vuelven a aparecer prestos, puntuales, enérgicos, con sus característicos rasgos: el de la nariz grande, el de las barbas largas, el de las gafas de sol y la señora con la permamente y los collares de perlas. Ahí están, conservados en formol, como si el tiempo no pasara por ellos. Llegan saludando al equipo técnico y a los actores como si fueran íntimos. Se saben tu nombre, tu vida, tu estado civil y te preguntan incesantemente cómo te va con una palmada en la espalda. Es el figurante de toda la vida: un género en sí mismo que todos los que nos dedicamos a esto sabemos reconocer al instante.

EL FIGURANTE BRASAS. No fallan,  siempre hay alguno que se pega a tu oreja para contarte su vida y milagros, avasallarte a preguntas absurdas o pedirte todo aquello que no está en tus manos. Tienen la habilidad especial de hacerlo cuando más estrés tienes o cuando te están hablando por el walkie talkie y tienes tareas más importantes qué hacer. Si tú le esquivas educadamente no tendrá problema: enganchará a cualquier eléctrico que esté de más o a alguien de producción para seguir con su perorata. Verdaderas joyas en esta categoría.

EL FIGURANTE REVOLUCIONARIO. Permanecen con cierta discreción durante toda el día hasta que se presentan derechos sindicales básicos, como la comida o el fin de la jornada. Son verdaderos líderes en proclamar consignas revolucionarias y alentar en contra del director y del productor por los excesos. Alientan a las masas y remueven la conciencia de clase con tintes leninistas hasta que provocan verdaderos motines y espantadas de toda la figuración, recurriendo a la vía del chantaje negociado. Son especialmente frecuentes en rodajes nocturnos o con grandes concentraciones, como campos de fútbol o conciertos.

EL FIGURANTE DEVORACATERINGS. Merecedores de estudio por endocrinólogos y nutricionistas. Son aquellos figurantes que desde que llegan al rodaje se adhieren al catering y son capaces de comerse de una tacada todo lo que puedan aprovisionar para el resto del día, similares a la especie reptil. Su predilección son las Conchas Codan y las galletas Maria y siempre permanecen unos minutos rodeando en circulo la mesa del catering por si encuentran comestible alguna servilleta o vaso de plástico. Altamente  frecuentes.

EL FIGURANTE SOLITARIO. Suele haber al menos uno en un grupo numeroso. Llevan siempre música con auriculares, una mochila en los hombros y leen algún best- seller . Su terreno favorito es el suelo, ya que se tiran a él en cuanto llegan al rodaje para así pasar el mayor tiempo posible concentrados en su mismidad.  Obedecen sumisamente a todo lo que les ordenas y no suelen plantear problemas, aunque a veces son peligrosos porque desaparecen del plano sin decir nada a nadie debido a su ostracismo.

EL FIGURANTE RARO. Aunque podemos considerar como “rara avis” cualquiera de las categorías anteriores,  siempre hay alguno que destaca por lo estrafalario de sus pintas o su comportamiento. Pueden ir desde aquellos que recitan poesía en voz alta o visten como verdaderos fantoches. Son lo más freak del grupo, y su aceptación oscila entre el liderazgo del grupo o su rechazo.  Material sensible para psicólogos y otros profesionales de la conducta.

EL FIGURANTE ESPABILADO. No suelen actuar solos, sino que suele cometer sus acciones con algún coadyuvante de la causa. Son atrevidos, descarados y displicentes.  Cometen acciones terroristas como coger más bocadillos del catering, quedarse con la ropa de vestuario o salirse del plano sin avisar  argumentando “que a ellos no se les ve”. Frecuentes en concentraciones de figurantes púberes o de zonas barriales.

EL FIGURANTE TREPA. Es una categoría ambigua y poco definida, pero su característica común es el rechazo hacia su propia condición de figurante y fascinación hacia el equipo técnico o los actores. Aquí podemos agrupar a las descocadas jovencitas que persiguen la conquista de su ídolo actoral o aquel joven figurante, hombre o mujer, que tiene pretensiones en la profesión para conseguir una oportunidad como actor y no ceja en su empeño en darse a conocer a la primera oportunidad que se presenta.

EL FIGURANTE NUEVO. Es aquél que pisa por primera vez un rodaje. Su experiencia es mezcla de excitación y extrañeza por lo desconocido y su presencia no pasa nunca desapercibida. Es aquel que pregunta constantemente “¿Cuántas escenas quedan?” o “¿Cuánto va a durar luego esto en pantalla?”

EL FIGURANTE TORPE. Tampoco falla su presencia, sobre todo en los días más complicados de rodaje.  Su líder espiritual  es  Peter Sellers en «El Guateque”. Son aquellos que, de la forma más inesperada,  estropean una toma tras otra por su falta de destreza. Habitual es en ellos quedarse parados a la voz de acción, hablar en medio de una toma, mirar a cámara o chocarse con algún actor en movimiento. Peligrosísimos si tienen que hacer una pasada con un coche, sobre todo en la marcha atrás.  Se les suele ver venir y ya en los ensayos se les deja quietos al fondo del cuadro, para tranquilidad de todos.

Y por si quedan dudas al estudio, recomiendo ver el fantástico cortometraje “El figurante” de Rómulo Aguillaume, con Manuel Manquiña, German Montaner y Rubén Ochandiano. Aquí va un pedacito donde se ve a Manquiña interpretando a un figurante de toda la vida.

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EL MICROTEATRO TAMBIÉN ES CINE.

julio 18th, 2011 by Javi Pérez

MICROTEATRO POR DINERO.
Ya va para unos cuantos meses que MICROTEATRO por DINERO se instalara en pleno centro de Madrid, tras el éxito de su experiencia piloto de hace años. Desde entonces, resulta evidente que la iniciativa ha supuesto un revulsivo en el ámbito cultural y artístico de la capital; tanto, que la idea ya se está exportando a otras capitales españolas.

El concepto es simple: un espacio reducido, no más de quince minutos, dos actores y la libertad que el texto y el espacio otorgan al universo creativo de cada autor bajo una temática común. Así, seis pases por día y la oferta de una microobra en cada sala por sólo tres euros.

A simple vista, podemos hablar de una miniaturización de las salas alternativas y experimentales, con un ritmo y duración propios de la multitarea y la viralidad de los contenidos de la Red, con la privacidad del teatro aristocrático y el goce de un precio low cost muy pertinente a los tiempos a los que nos enfrentamos. No obstante, este post no pretende recrearse una vez más en el éxito de la fórmula, sino en la estrecha relación que tanto autores, directores, actores y público sienten con la narrativa cinematográfica.

Desde que Microteatro por dinero abriera sus puertas ya han pasado por allí nombres como Ramón Salazar, Juanma Bajo Ulloa, Jaime Chávarri o Carlos Molinero entre otros. Directores todos ellos con cierta raigambre cinematográfica, los cuales se han lanzado a la microdramaturgia arropados por su experiencia tras la cámara. Es curioso comprobar también cómo el espacio es frecuentado por numerosos profesionales del sector audiovisual, ansiosos por trasladar historias a ese marco teatral jamás imaginado. Quizás algo tendrá que ver en esto Miguel Alcantud, uno de los estandartes de Microteatro, director de cine y televisión, que junto el apoyo de un buen número de actores y profesionales de la escena levantó este dinámico proyecto.  El caso es que la imbricación entre  la dramaturgia y la dirección de cine en Microteatro es exageradamente mayor que en otros espacios escénicos, donde las fronteras profesionales están más delimitadas.

Una evidencia de este fenómeno es que el formato tiene la duración restringida a no más de quince minutos, limitación de tiempo similar a la que tienen los cortometrajes. La habilidad de pensar en historias cortas, en un solo decorado y con pocos actores es recurrente en todos los que quieren dirigir cine, por lo que Microteatro es el espacio ideal para contar aquellas secuencias o ideas que se quedaron en el cajón del escritorio o en el de la memoria.

No hay que olvidar que todo director de cine es un creador que debe pelear sus transgresiones con  las cortapisas de una lacerante industria de masas, más preocupada por la rentabilidad de la producción que por la libertad artística. Por el contrario, el teatro es de los pocos reductos creativos donde no hay miedo, ni para el autor ni para el público, de salirse de lo establecido, de inventar y de contar sin el juicio de la crítica ni la presión de los costes. Así pues, la oportunidad de Microteatro para todos ellos es pintiparada.

Los actores de Microteatro también experimentan en su actuación una hibridación de ambos lenguajes. Su naturalidad en escena debe ser feroz, pues no necesitan la proyección de voz ni la ostentación de movimientos que tienen en grandes escenarios. Al no existir una cuarta pared, proscenio o patio de butacas que los separe del público, todo debe actuarse con más sutileza: los actores sienten su escrutadora y cercanísima mirada parecida a la de un equipo técnico durante el rodaje de una toma. Los seis pases por día se convierten para ellos en seis tomas de un plano secuencia que bien les sirve para enmendar y cambiar cosas ante las continuas directrices de su director.

Y el público también es partícipe de esta pseudocinematografía teatral. El hecho de que se invada el espacio escénico es un privilegio para fragmentar en primeros planos todo lo que allí ocurre. Es decir, cada espectador elabora su propio montaje con la elección de su mirada. Cualquier detalle es importante: un gesto, una mirada, una reacción, e incluso la puesta en escena propicia encuadres con escorzos entre dos personajes tan habituales en los códigos cinematográficos.  Y si vamos un poco más allá  podríamos decir que la experiencia puede tener parangón con el cine 3D, donde la ilusión de estar dentro de la escena es común para los dos lenguajes.

Con todo, Microteatro sigue teniendo esa magia de lo provisorio, de lo efímero, del presente continuo que la narración cinematográfica carece por la manipulación de su tiempo. Si en sus orígenes el cine adquirió del teatro su código y su puesta en escena hasta elaborar uno propio, la interacción y él préstamo mutuo de ambos llegan hasta la actualidad con  ejemplos como éste.

Larga vida al cine. Larga vida a  http://www.teatropordinero.com/

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"En esta industria, todos sabemos que detrás de un buen guionista hay siempre una gran mujer, y que detrás de ésta está su esposa.".
Groucho Marx (1890-1977) Actor estadounidense